Dispuesta a ser abierta en canal,
la torre clama al cielo negro y rojo
que el azul rabioso de electricidad
domine cuerpos y perfiles perfectos,
que dicte las noches en vela de gatos y candelas,
que exija a los pechos enajenados que se rompan.
Que comience la paz de su mano
que rodea cada curva de mi sangre,
siguiendo como nadie
el ritmo suave pero continuo de los ojos,
¡que lo siga!, que lo pinte,
tragando el orgasmo epiléptico del universo,
que contrae y expande ideas.
Añil
viernes, 17 de julio de 2009
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