Dispuesta a ser abierta en canal,
la torre clama al cielo negro y rojo
que el azul rabioso de electricidad
domine cuerpos y perfiles perfectos,
que dicte las noches en vela de gatos y candelas,
que exija a los pechos enajenados que se rompan.
Que comience la paz de su mano
que rodea cada curva de mi sangre,
siguiendo como nadie
el ritmo suave pero continuo de los ojos,
¡que lo siga!, que lo pinte,
tragando el orgasmo epiléptico del universo,
que contrae y expande ideas.
Añil
viernes, 17 de julio de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
Rue des cascades
La mano ascendió por mi espalda,
sopló la hoguera de mi mente,
se recostó sobre las luces de mi ciclo,
rozó con su lejanía
los órganos más privilegiados de mi reflexión,
bajó a mis piernas y las observó,
con la templanza de una ola,
revolvió el remolino de mis caprichos,
conversó con mis frutos,
respetando los cruces de camino de mi vientre,
respirando el añil de mi aura
sopló la hoguera de mi mente,
se recostó sobre las luces de mi ciclo,
rozó con su lejanía
los órganos más privilegiados de mi reflexión,
bajó a mis piernas y las observó,
con la templanza de una ola,
revolvió el remolino de mis caprichos,
conversó con mis frutos,
respetando los cruces de camino de mi vientre,
respirando el añil de mi aura
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